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Apr 4, 2016 9:45 EST

El biogás en mochila se abre camino en África

iCrowdNewswire - Apr 4, 2016

El biogás en mochila se abre camino en África

 
 
 
Salome Zeresulos carga una mochila de (B)energy con biogás en la capital de Etiopía. Crédito: James Jeffrey/IPS.
 
Salome Zeresulos carga una mochila de (B)energy con biogás en la capital de Etiopía. Crédito: James Jeffrey/IPS.
 
 
 

ADÍS ABEBA, 1 abr 2016 (IPS) – África ha recibido miles de millones de dólares en programas de asistencia y, sin embargo, cuesta concretar los cambios, lo que genera un círculo vicioso que aumenta las necesidades y, por consiguiente, la asistencia, sin obtener los logros deseados. La cuestión es cómo resolver lo que parece ser un problema insuperable.

Una iniciativa para suministrar biogás puede formar parte de la solución. (B)energy es una empresa que ofrece soluciones de energía limpia que no solo hace frente a la crisis energética, sino también a un problema social.

Su paquete (B)pack, una bolsa azul inflable con forma de almohada de 1,5 metros de largo, está lleno de biogás procedente de un digestor, que se puede cargar en la espalda y llevar al hogar para conectarla a una cocina y preparar los alimentos.

La fundadora de la propuesta, la alemana Katrin Puetz, de 34 años, concibió el modelo empresarial sobre la idea de incentivar a las empresas locales a vender la tecnología móvil convirtiéndose en productores de biogás, los (B)empresarios, como les llama ella, pues pueden generar ingresos y promover energía limpia, sostenible y a un precio accesible.

Un ejemplo es Zenebech Alemayehu, una madre soltera de 32 años con un hijo de nueve, que reside en un barrio en el sur de la capital de Etiopía.

“Sacrifiqué mucho por esto”, relató en una gran choza, con una tubería de metal que terminaba, al final de la cual se podía ver una débil llama azul. “Me deja muy contenta verla funcionar y me motiva”, apuntó, tirándole un beso con la mano en señal de aprecio por su nuevo negocio de biogás.

La tubería sigue afuera de la caseta, donde se conecta con el digestor, un tanque de plástico de cinco metros de largo, en el que vierte desde restos de alimentos hasta excremento de cabras. Zenebech lo rellena de forma permanente a partir de una pila gigante de estiércol vacuno.

Puetz comenzó a trabajar en el proyecto cuando estudiaba en la Universidad Hohenheim, en la ciudad alemana de Stuttgart, donde se dio cuenta de los beneficios de la iniciativa para África como alternativa limpia y barata para las cocinas tradicionales que liberan un humo contaminante.

Tras ser contratada por la Universidad de Adís Abeba para desarrollar la tecnología, Puetz creó (B)energy, en abril de 2014, y se mantiene fiel a su compromiso de que la empresa sea autosostenible. Y a pesar de que está en condiciones de recibir fondos tentadores, ya rechazó varias ofertas de grandes organizaciones de beneficencia.

“Mi objetivo no es solo distribuir biogás, sino demostrar que se puede suministrar sin asistencia”, explicó. “No se trata solo de dinero, sino de orgullo. ¿Por qué siempre tenemos que tener donaciones y subsidios para algo que puede funcionar solo?”, preguntó.

El modelo empresarial se basa en franquicias sociales para promover su crecimiento y fue creado de forma tal que puede replicarse fácilmente en todo el mundo, y con poca inversión por parte de la población local, utilizando los materiales disponibles en el entorno.

“No daña el ambiente, crea empresarios y fortalece a las comunidades sin necesidad de recibir asistencia”, destacó Waleed Babiker, quien reside en Jartum y decidió suscribir una franquicia como (B)energy Sudán. “Al llevar energía a las zonas rurales, la gente puede hacer mucho y desarrollarse”, apuntó.

Babiker solía tener una cadena de ocho restaurantes en ese país y ahora quiere devolver a la sociedad, en especial fuera de Jartum, donde la población tiene dificultades para comprar cocinas a gas.

La utilización de biogás para preparar alimentos también ayuda a mitigar problemas asociados a los métodos tradicionales, destacó. En la occidental región sudanesa de Darfur, por ejemplo, la búsqueda de leña deja a las mujeres vulnerables a agresiones y abusos como la violación, añadió.

Además, la inhalación del humo de las cocinas causa la muerte de unas dos millones de personas al año, en especial mujeres, niñas y niños, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La historia del biogás en Etiopía refleja algunos de los problemas que acarrea la intervención externa, a pesar de las buenas intenciones.

“El biogás vino de la mano de organizaciones no gubernamentales hace unos 50 años”, recordó Araya Asfaw, director de la Red y Centro Regional Ambiental del Cuerno de África de la Universidad de Adís Abeba (HOAREC), que colaboró con la empresa de Puetz.

Pero las organizaciones construían digestores sin hacer una promoción adecuada “y la gente no se enteraba del biogás o no les interesaba; era una necesidad de los donantes, no una demanda local”, explicó Asfaw.

Además, la instalación de digestores domésticos fracasó porque la gente no podía gestionar el mantenimiento ni realizar el esfuerzo que requería. (B)energy, por su parte, eligió diseminar su tecnología mediante múltiples paquetes (B)packs, suministrados por un solo digestor, una alternativa más práctica y eficiente.

(B)energy es flexible en lo que respecta a los pagos y está dispuesta a prestar, al principio, los equipos para comenzar el negocio, pero las bolsas de biogás no son gratis.

“Cuando usted ofrece algo de forma gratuita, la gente no lo valora”, explicó Eyobel Gebresenbet, responsable de proyecto de HOAREC. “Pero si tienen que pagar, querrán la capacitación y lo usarán de forma adecuada”, añadió.

A comienzos de 2014, un proyecto piloto en Arsi Negele, 275 kilómetros al sur de Adís Abeba, demostró la necesidad y la popularidad del biogás en mochila. Para cuando terminó el proyecto, 26 hogares compraban las bolsas de forma regular.

“Ahora montamos las fábricas para elaborar los equipos móviles de biogás en Etiopía”, indicó Wubshet Yilak, de 35 años y responsable de la franquicia (B)energy Etiopía. “Es tecnología diseñada en Alemania y fabricada en Etiopía”, remarcó.

Uno de los mayores desafíos, reconoció Wubshet, será convencer a la población local de pagar los 12.000 birr etiopíes (unos 600 dólares) para adquirir el equipo, dos (B)packs, un digestor y una cocina a biogás, aunque esperan facilitar la compra mediante opciones de microcrédito.

“Mi familia se dedicaba a la agricultura, teníamos 15 vacas y cocinábamos con leña y estiércol de vaca”, relató Wubshet.

“Conozco los problemas de ese tipo de cocinas y pienso en mis vecinos, por eso quiero cambiar, para que podamos tener energía limpia”, observó.

(B)energy Etiopía muestra el camino con conocimiento y tecnología capaz de ofrecer soluciones móviles de biogás para África, además de un modelo de negocio para la venta de esta fuente de energía, detalló Puetz.

“Hace poco la tecnología fue probada por la Empresa de Evaluación de Conformidad de Etiopía y recibió la aprobación del Ministerio de Agua, Irrigación y Energía. El próximo pasó será obtener una (B)llama, una variedad de tres cocinas a biogás de diferentes tamaño, probadas por las autoridades locales”, añadió.

“Por supuesto que quienes tienen dificultades para sobrevivir, no van a estar interesados en proteger el ambiente, pero la gente adoptará la tecnología si es más barata o le permite generar ingresos”, remarcó Puetz.

Traducido por Verónica Firme

 

 

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James Jeffrey

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