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Sep 30, 2016 8:45 EST

Los derechos urbanos aún no son inteligentes en América Latina

iCrowdNewswire - Sep 30, 2016

 

Los derechos urbanos aún no son inteligentes en América Latina

 

Una unidad de Metrobús, servicio público que usa unidades articuladas que circulan en carril confinado, recorre la céntrica avenida Insurgentes en Ciudad de México. El transporte es uno de los servicios que pueden mejorar con el modelo de ciudades inteligentes. Crédito: Emilio Godoy/IPS

MÉXICO, 29 sep 2016 (IPS) – En los últimos años, el concepto de ciudades inteligentes ha adquirido preponderancia respecto al diseño y funcionamiento de las urbes, pero al mismo tiempo alimenta la inquietud si ese esquema contribuirá al acceso a diferentes derechos para sus habitantes. 

“Detrás del concepto, hay un trabajo de ‘marketing’ muy grande, más que un trabajo real de conceptualización. Existe como una idea muy global, como la creación de infraestructura urbana en la que se mezclan medios digitales y físicos”, señaló a IPS el cofundador de la organización no gubernamental mexicana Medialabmx, Leonardo Aranda.

El experto, cuya organización se desempeña desde 2013 en el desarrollo y apropiación de la tecnología con fines sociales y culturales, sostuvo que está por ver si las urbes inteligentes “se convierten en una solución o si simplemente son una charada, en la cual las grandes corporaciones buscan la inversión pública muy grande que existe y encontraron un discurso muy vendible y que las ciudades están comprando”.

 

“Las ciudades tienen que cubrir primero lo básico de los requerimientos para luego poder entonces aspirar a algo tan sofisticado, como la conexión a Internet. Aceptamos y tratamos de asimilar la tecnología y que esta ayude a los procesos, pero cuando no se puede andar en la calle con el celular en la mano, ¿qué inteligencia tiene esa ciudad?”: Zulma Bolívar.

 

Para Aranda, las tecnologías pueden ayudar a resolver problemas urbanos, pero al mismo tiempo pueden crear otros. “Es un problema general de la tecnología, no soluciona problemas por sí sola, tiene que ver con su diseño”, externó.

El Grupo Temático sobre Ciudades Sostenibles e Inteligentes de la Unión Internacional de Telecomunicaciones las define como urbes innovadoras que utilizan las tecnologías de la información y comunicación y otros medios para mejorar la toma de decisiones, la eficiencia de las operaciones, la prestación de los servicios urbanos y su competitividad, para procurar la satisfacción de las necesidades económicas, sociales y ambientales.

Las ciudades inteligentes, también conocidas por el término inglés de “Smart Cities”, estarán en el foco de la Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III), que acogerá Quito entre el 17 y el 20 de octubre, organizada por ONU Hábitat.

De hecho, en el borrador de la “Declaración de Quito sobre ciudades sostenibles y asentamientos humanos para todos”, acordado el 10 de septiembre, los Estados parte se comprometen a “adoptar un enfoque de ciudad inteligente, que hace uso de oportunidades de la digitalización, energía limpia y tecnologías, así como tecnologías de transporte innovadoras, proporcionando opciones para la población de tomar decisiones más respetuosas con el ambiente y promover el crecimiento económico sostenible y permita mejorar la prestación de servicios”.

En América Latina, donde 80 por ciento de sus más de 600 millones de habitantes viven en ciudades, las metrópolis medianas y grandes se enfrentan a la congestión vehicular, la contaminación del aire, el estrés hídrico, el crecimiento desordenado, los asentamientos irregulares, el aumento de la temperatura y trámites engorrosos.

Inicialmente, se creyó que el desarrollo de aplicaciones para teléfonos y otros dispositivos inteligentes era la base del entorno digital citadino para atender problemas como el tráfico, baches callejeros o la calidad del aire. No hubo metrópoli que no las creara, pero esa visión pronto quedó rezagada.

En un intento por paliar esos flagelos, varias urbes han procedido a aplicar soluciones inteligentes, cuyos resultados aún no se visualizan claramente.

Brasil alienta el proyecto de acceso a banda ancha, mediante una llamada Red de Ciudades Digitales, que abarca a 300 municipios. Río de Janeiro, además, puso en marcha el Centro de Operaciones Río, de la mano de la transnacional estadounidense IBM.

Colombia, por su parte, ejecuta el Plan Vive Digital 2014-2018 y la ciudad de Medellín representa el caso más emblemático de la región, porque coloca a la tecnología como un instrumento y no un fin.

El proyecto Ciudad Inteligente,  liderado por la alcaldía de la segunda ciudad colombiana,  fomenta el buen uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), anclado en innovación social, sostenibilidad, gobierno abierto y participación ciudadana.

Por esos progresos, esa urbe recibió en marzo pasado el prestigiado Premio a la Ciudad Global Lee Kuan Yew, concedido por la Autoridad para el Resideño Urbano y el Centro para las Ciudades Habitables de Singapur y que distingue a metrópolis socialmente innovadoras.

Chile ha definido cinco diseños para ciudades inteligentes. En abril, la alcaldía de Santiago anunció que la plataforma DOM Digital para trámites y servicios ya estaba en línea en tres demarcaciones territoriales de las 52 del área metropolitana.

En Uruguay, el mayor exportador de programas informáticos de América Latina, el proyecto Montevideo 2030busca convertirse en la plataforma de TIC más desarrollada de la región.

A criterio de Zulma Bolívar, presidenta del Instituto Metropolitano de Urbanismo Taller Caracas, la máxima autoridad en la ordenación urbanística de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, la suma de gobernantes y ciudadanos inteligentes da ciudades inteligentes.

“El nombre tiene marketing. Las ciudades tienen que cubrir primero lo básico de los requerimientos para luego poder entonces aspirar a algo tan sofisticado, como la conexión a Internet. Aceptamos y tratamos de asimilar la tecnología y que esta ayude a los procesos, pero cuando no se puede andar en la calle con el celular en la mano, ¿qué inteligencia tiene esa ciudad?”, planteó la urbanista a IPS desde Caracas.  

La funcionaria de la alcaldía en manos opositoras al gobierno de Venezuela, enfatizó que la política pública debe integrarse “desde lo local” y ofrecer resultados efectivos.

Para los cinco municipios de área metropolitana capitalina, de unos seis millones de habitantes, opera el Plan Caracas 2020, sobre los vectores de accesible y en movimiento, segura e integrada, sostenible, productiva y emprendedora, gobernable y ciudadana. Pero la crisis institucional y política venezolana ha dado prácticamente al traste con el proyecto.

En su informe “La ruta hacia las Smart Cities: migrando de una gestión tradicional a la ciudad inteligente”, publicado en julio, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destacó que las ciudades latinoamericanas enfrentan retos como seguridad ciudadana, movilidad urbana sostenible, gestión de riesgos, prevención y respuesta a desastres, eficiencia energética, gestión hídrica, manejo de residuos, gobierno electrónico e inclusión digital.

Mediante su Programa Ciudades Emergentes y Sostenibles, el BID asesora desde 2011 a 76 ciudades de la región en áreas como sostenibilidad ambiental y de cambio climático; sostenibilidad urbana, fiscal y de gobernabilidad. Al menos 10 de ellas ya cuentan con estudios de factibilidad en temas de gestión inteligente.

Los especialistas esperan que Hábitat III transmita especificidades sobre la mejor forma para avanzar hacia ciudades inteligentes.

“La declaración (de Quito) puede sonar bien o muy general. La innovación puede significar un montón de cosas, generar redes de transporte inteligentes que permitan movilidad mixta o bien meter unidades nuevas con geolocalizadores”, que implicará mucha inversión pública, señaló Aranda.

Para Bolívar, la cumbre debe atender a las ciudades pequeñas, “donde incluso no hay señal telefónica y no se puede ni siquiera usar un teléfono móvil”.

La urbanista pidió “lograr la equidad, que la distribución de cargas y beneficios sea un poco más homogénea y que el hábitat ofrezca todos los servicios. Si algo debemos proponernos es que el beneficio sea colectivo y ayudar a la gobernabilidad de los países”.

Editado por Estrella Gutiérrez

 

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Emilio Godoy

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