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Apr 25, 2016 7:15 EST

Aldea beduina en Israel lucha con cámaras contra la demolición

iCrowdNewswire - Apr 25, 2016

Aldea beduina en Israel lucha con cámaras contra la demolición

 
 

UMM AL-HERAN, Israel, 22 abr 2016 (IPS) – Israel pareció congelar en 2013 el Plan Prawer, un proyecto de ley para “regular los asentamientos beduinos en el desierto del Néguev”, pero sigue intentando eliminar las aldeas no reconocidas del sur del país. Esta localidad beduina de Umm al-Heran, cerca de la de Hura, está en la lista de lugares a demoler.

Tasnim Abu Al Qian no piensa dejar que su aldea desaparezca sin dar pelea. Con su cámara, esta brillante niña de 12 años forma parte de un grupo de mujeres y niños abocados a registrar distintas operaciones de la policía, como demoliciones o detenciones e, incluso, el trabajo de las topadoras del Fondo Nacional Judío, que prepara el terreno para plantar árboles.

“Siempre me pone muy triste cuando se viene una demolición”, contó a IPS fuera de la casa familiar. “Me enfada. ¿Por qué no soy igual a los niños judíos que se supone que se mudarán aquí?”, se lamentó.

La lucha por existir

La batalla legal de Umm al-Heran por sobrevivir comenzó en 2002, cuando el Consejo Nacional de Planificación y Construcción estampó el sello que autorizó la construcción del asentamiento judío de Hiran en este mismo lugar.

La tribu Abu Al Qian fue desplazada a su ubicación actual por orden militar en 1956, poco después de la creación del Estado de Israel. La aldea, al igual que otros 35 caseríos beduinos del Néguev, nunca fue reconocida por las nuevas autoridades y no está conectada a la red de agua ni al tendido eléctrico.

A pesar de la severa falta de oportunidades de desarrollo, las que sí están al alcance de las vecinas comunidades judías, Abu Al Qian ha trabajado para transformar a esta aldea en una pintoresca localidad rural con generadores y paneles solares, y donde viven 700 personas.

El fallo final

En lo que respecta a la justicia israelí, el destino de Umm al-Heran quedó sellado el 5 de mayo de 2015, cuando la Corte Suprema de Israel ordenó proceder a la evacuación de la aldea y que no hubieran más apelaciones.

Las autoridades israelíes quieren reubicar a la población en el vecino caserío beduino de Hura, que, según se quejan, carece de espacio y de infraestructura adecuada.

Mientras, el área de Umm al-Heran sufrirá una drástica transformación. Según el plan maestro previsto, se acondicionará para que se instale una comunidad judía y pasará a llamarse Hiran.

“Nunca podemos decir que la vía legal está cerrada definitivamente”, dijo a IPS la abogada Suad Bishara, quien trabaja en el estudio Adalah, que representa a esta aldea desde el comienzo de la disputa.

“Las opciones son limitadas, pero puede aparecer algo nuevo y seguiremos apoyando a la aldea”, explicó Bishara.

Pero los abogados de Adalah, dedicado a defender los derechos de la minoría árabe de Israel, temen que el dictamen siente un peligroso precedente, pues permite a las autoridades evacuar personas de terrenos estatales sin que existan “fines públicos imperiosos” y dar luz verde a más demoliciones masivas de caseríos no reconocidos.

En un comunicado de prensa divulgado tras la el dictamen judicial, Adalah explicó: “La decisión de la Corte legitima la política que Israel mantiene desde mucho tiempo contra los ciudadanos palestinos, una política colonial arraigada en una ideología de discriminación racial, de segregación y de expropiación”.

Hacia una solución política

A pesar del fallo de la Corte Suprema, esta aldea no se rinde y mantiene su lucha. Abu Al Qian y Adalah trabajan con organizaciones defensoras de los derechos humanos y, en particular, de los beduinos, para promover una campaña con el fin de hallar una solución política al problema.

“Trabajamos para armar una resistencia fuerte en la aldea”, explicó Fadi Masamra, director general del consejo regional para aldeas no reconocidas, en diálogo con IPS. “Conectamos a Umm al-Heran con organizaciones y activistas para frenar el plan estatal para desarraigar a estas familias”, añadió.

El Foro de Coexistencia del Néguev árabe-judío se encarga del proyecto de documentación visual, que involucra a niños, niñas y mujeres en defensa de su aldea mediante el uso de cámaras. La organización, que defiende los derechos de los beduinos, reúne las fotografías de todos los participantes de las aldeas en riesgo de demolición y las usa para difundir el problema a escala local e internacional.

 

A fines de marzo, se eligió a Umm al-Heran como lugar para celebrar el Día de la Tierra, que recuerda a seis árabes-israelíes asesinados por las autoridades en 1976 durante unas protestas contra la confiscación de tierras.

“Los árabes siguen padeciendo la discriminación en el acceso a terrenos y viviendas”, dijo el legislador árabe-israelí Ayman Odeh, de la agrupación Lista Unida, a la multitud reunida ese día. “Hoy lanzamos otra protesta y reclamamos el reconocimiento de todas las aldeas no reconocidas del Néguev”, prosiguió.

Desarrollo y des-desarrollo

“El reconocimiento es lo que le hubiera dado a esta aldea la posibilidad real de desarrollarse”, explicó la abogada Bishara, en cambio, podría ser demolida en cualquier momento.

“Trabajaron duro durante 60 años para que este lugar fuera habitable. Construyeron sus propias casas e infraestructura básica. Es inconcebible en términos morales y legales que tengan que ser desplazados”, concluyó

En la 7 Conferencia del Néguev, realizada este mes en la sureña ciudad de Yehuram, el presidente de Israel, Reuvén Rivlin, felicitó a la gente que trabajaba para el desarrollo de la región, pero también se refirió a la necesidad acuciante de resolver los reclamos de tierras de los beduinos y, en general, de las aldeas no reconocidas.

“Sin resolver este asunto complejo, el sur no podrá avanzar sin problemas”, añadió.

Pero para los beduinos en el terreno, no son más que promesas vacías. “No hay ningún plan estratégico para resolver la situación tomando en consideración las necesidades de la comunidad”, dijo Masamara a IPS.

En la aldea

La pequeña Tasnim no puede imaginarse no volver a su casa, a su dormitorio y a todas sus cosas, a los 12 años tiene que lidiar con la posibilidad de perder todo eso.

“Tuve una infancia tan linda aquí, tengo muy lindos recuerdos y no quiero perderlos”, confiesa cámara en mano.

“Tomo fotografías de los árboles, de mis amigos, de nuestras casas; las tomo para salvar mi aldea”, explica a IPS. “Si vienen a demoler, tendré un documento de cómo fue. Quiero recordar cómo fue crecer aquí”, añadió.

Traducido por Verónica Firme

 

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Silvia Boarini

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