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Feb 22, 2016 4:45 EST

El crédito es la clave de la adaptación climática en Bangladesh

iCrowdNewswire - Feb 22, 2016

El crédito es la clave de la adaptación climática en Bangladesh

 
 
Las campesinas de Bangladesh prefieren cultivos resistentes a las variaciones climáticas. Crédito: Naimul Haq/IPS.

Las campesinas de Bangladesh prefieren cultivos resistentes a las variaciones climáticas. Crédito: Naimul Haq/IPS.

 

DACCA, 19 feb 2016 (IPS) – El cambio climático hace que sea cada vez más importante mejorar las prácticas agrícolas que lo que se pensaba hasta ahora, subraya un estudio realizado en Bangladesh, uno de los países más en riesgo de sufrir las consecuencias negativas del recalentamiento planetario.

Además, las variaciones climáticas pueden significar que la receta popular de diversificar los cultivos no aporte los beneficios económicos claros que se le atribuyen.

El nuevo estudio sobre una zona costera del sudoeste del país, donde viven 14 millones de personas, y que fue un impresionante esfuerzo de unos 15 científicos de Bangladesh y de Gran Bretaña, es un referente para calcular las variables demográficas, la pobreza y la disponibilidad de crédito, además de la productividad agrícola, y así evaluar las perspectivas para las próximas décadas.

Entre sus conclusiones más importantes se destaca la situación de las personas sin tierra, alrededor de la mitad de la población objeto de estudio y que está en mejor situación con terrenos más grandes porque no tendrá que hacer frente a las inversiones necesarias para ajustar sus prácticas agrícolas y se beneficiarán del aumento relativo en el ingreso de los trabajadores.

Por desgracia, el modelo también señala que los agricultores se volverán más pobres si las condiciones económicas, en especial en relación con la disponibilidad de préstamos, no cambian.

El estudio, dirigido por Atilla N. Lázár, de la Universidad Southampton, con ayuda de Abdur Razzaque Akanda, del Instituto de Investigación en Agricultura de Bangladesh, en Joydebpur, y más de una decena de otros especialistas, es el último aporte sobre los consecuencias del cambio climático.

A principios de este mes, una investigación de Estados Unidos se concentró en los impactos ambientales de varios alimentos y concluyó que la ineficiencia de la carne estaba muy exagerada, a menos que se asuma que los consumidores disminuirán de forma drástica su ingesta de calorías.

De hecho, una caloría de lechuga produce tres veces más emisiones de gases de efecto invernadero que una de tocino, según Paul Fischbeck, el profesor de Carnegie Mellon que dirigió el estudio.

El mundo aplaude el acuerdo alcanzado en la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), así como que se haya reconocido que el recalentamiento planetario está exacerbado por la actividad humana, pero todavía queda mucho por aprender.

Por suerte, existen las herramientas para generar el conocimiento que falta. La investigación de Bangladesh se apoyó en la base de datos Climwat, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y en su modelo Cropwat para proyectar la producción agrícola.

Cropwat, desarrollado y actualizado durante años por expertos de la FAO, es un “sistema de apoyo a la toma de decisiones”, que permite ajustar variables para simular el futuro. Climwat permite calcular los requisitos de agua e irrigación de cultivos, que posibilita la planificación y la realización de cronogramas para una variedad de climas diferentes.

Ambos son pequeños ejemplos de bienes públicos globales, producto de la comunidad internacional y para uso de todos y todas, además de que no disminuye su valor cuando más personas los usan.

El director general de la FAO, José Graziano da Silva, junto con las máximas autoridades del Banco Mundial y de la Organización de las Naciones Unidas, remarcó la creciente importancia de poner a disposición de todos los bienes públicos globales.

Las dos aplicaciones, Cropwat y Climwat pueden descargarse de forma gratuita, aunque se necesitan ciertos conocimientos previos.

La investigación de Bangladesh llega a unas conclusiones curiosas usando el modelo de forma innovadora, al agregar factores sociales vinculados a la riqueza, los precios, los patrones de migración urbana y el acceso a préstamos, además de las elevadas temperaturas pronosticadas, la salinización de suelos y las mayores concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera.

Una de las cosas a destacar, que se sabe, pero se recuerda poco, es que las mayores concentraciones de dióxido de carbono mejorarán la productividad agrícola en Bangladesh, alrededor de 10 por ciento en períodos cortos, aunque el modelo de Cropwat también señala que eso puede quedar neutralizado por una deficiente calidad nutricional.

Sin embargo, eso no volverá a los agricultores más ricos y pasarán varios meses al año con una baja ingesta calórica, que podrán compensar con empleos no agrícolas, préstamos y gastando sus ahorros.

Una de las razones es que si bien la productividad puede aumentar de forma natural, también la variabilidad, que se traduce en un mayor riesgo de carencias y la necesidad de préstamos. Las opciones disponibles en la zona son las de la estatal Junta de Desarrollo Rural de Bangladesh, por lo general para los agricultores, que cobran 11 por ciento de interés anual, y los privados que cobran 120 por ciento.

Otra conclusión importante del estudio es que cuando se incluyen los costos de los fertilizantes y se toman en cuenta las emisiones contaminantes, se tiene que cambiar lo que debió aumentar. Por ejemplo, las papas usan cuatro veces más fertilizante por peso y por hectárea que el arroz.

Entonces, el modelo “progresista” de cultivo que se arraigó en la región, mediante el cual los agricultores plantan variedades de alto valor comercial como pimentón, mostaza, tomate y trigo, puede llegar a aumentar el aporte de la agricultura nacional a las emisiones contaminantes en relación con el tradicional cultivo del arroz.

Además, otros cultivos de gran valor, como el mango que la FAO ayudó a colocar en mercados de Gran Bretaña, son más sensibles a las variación estacional. Si bien el modelo “progresista” es una oportunidad para generar ingresos, es menos predecible.

Por eso los hogares más pobres, que corren mayores riesgos, en especial por la falta de crédito y de protección social, prefieren cultivar productos básicos. Ganan menos, pero también invierten menos y tienen un riesgo menor.

Una intervención política que mejore la productividad parece no solo justificada, sino también ser una necesidad.

Cuando los investigadores hagan una prueba de simulación en los próximos 60 años y concluyan que ningún modelo puede generar suficientes beneficios para devolver los préstamos necesarios para sobrevivir de la agricultura, habrá que prestar más cuidado para diseñar políticas adecuadas para asegurarnos de que la oferta de créditos no haga más que enredar a la gente en un espiral de pobreza.

La migración a las ciudades es obviamente una alternativa posible. Pero eso requerirá aumentar la producción en vez de promover el consumo doméstico autosuficiente. Uno de los problemas es que después de 2035, según el modelo, los costos del trabajo agrario también aumentarán, aunque no lo suficiente como para compensar las dificultades.

Lázár y sus compañeros señalaron que su trabajo integral en base a Cropwat todavía es preliminar. Pero sus conclusiones ya indican algunos de los cambios sorprendentes que tendrá que hacer el mundo en el marco del cambio climático y del compromiso con la Agenda de Desarrollo Sostenible de erradicar el hambre y la pobreza para 2030.

Traducido por Verónica Firme

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Sumon Dey

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