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Jan 20, 2016 5:00 EST

La salud materno-infantil es clave para el crecimiento de Kenia

iCrowdNewswire - Jan 20, 2016

La salud materno-infantil es clave para el crecimiento de Kenia

 
 
Margaret Kenyatta, la primera dama de Kenia, visita un centro de salud materna en el condado de Mandera, ante la atenta mirada de Babatunde Osotimehin, director ejecutivo del UNFPA, el 6 de noviembre de 2015. Crédito: UNFPA

Margaret Kenyatta, la primera dama de Kenia, visita un centro de salud materna en el condado de Mandera, ante la atenta mirada de Babatunde Osotimehin, director ejecutivo del UNFPA, el 6 de noviembre de 2015. Crédito: UNFPA

 

CONDADO DE MANDERA, Kenia, 18 ene 2016 (IPS) – El 6 de noviembre de 2015 conocimos a la primera dama de Kenia, Margaret Kenyatta, una incansable defensora de las mujeres, las niñas y los niños, durante el lanzamiento de una campaña del UNFPA en el condado de Mandera, en el noreste de este país africano.

La campaña ‘Beyond Zero‘ (Más allá del cero), que ofrece atención médica prenatal y posparto a las mujeres y sus hijos, se presentó en el condado porque para muchos Mandera es “el peor lugar del mundo para dar a luz”.

La tasa de mortalidad materna de la zona asciende a 3.795 muertes cada 100.000 nacidos vivos, casi el doble de las 2.000 muertes de mujeres durante el parto o el embarazo que se producían en Sierra Leona durante su guerra civil (1991-2002).

Dos de cada tres casos de muertes maternas se producen en zonas afectadas por una crisis humanitaria o en condiciones volátiles, como la región del noreste de Kenia.

Sesenta por ciento de las muertes maternas en Kenia se producen en esta zona. Estos pésimos indicadores de salud se deben a la educación deficiente, el escaso uso de anticonceptivos, tradiciones matrimoniales que tienden a socavar la autodeterminación de las mujeres e insuficientes servicios de salud.

Nos dimos cuenta de que casi todos los nacimientos de niños y niñas en la región dependen del azar, una cuestión de suerte que las comunidades locales enfrentan con estoicismo, pero una situación que las agencias de desarrollo están cada vez más decididas a no aceptar.

Desde hace poco más de un año, el UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas) ha trabajado con Unicef, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, ONU Mujeres y Onusida para encontrar formas no solo de salvar vidas en el parto, sino también para lidiar con otros problemas relacionados con la salud reproductiva en los seis condados de Kenia con mayor cantidad de muertes maternas.

Dinamarca apoya los programas del UNFPA en todo el mundo y en Kenia ese apoyo se expresa en el Programa Nacional 2016-2020 que emprendieron ambos gobiernos y que busca impulsar el plan Visión 2030 de este país.

Con respecto a la salud, el programa identifica específicamente el apoyo operativo a los centros sanitarios de atención primaria a nivel del condado y del gobierno nacional, así como el respaldo a la salud y los derechos sexuales y reproductivos.

El gobierno danés se compromete a apoyar al UNFPA en su trabajo en curso en los condados de Mandera, Marsabit, Wajir, Isiolo, Lamu y Migori para cumplir con un paquete integral de servicios de salud reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente.

Dinamarca prometió la entrega de seis millones de dólares para ayudar a los seis condados a prestarles mayor atención a las adolescentes y mujeres jóvenes, mediante intervenciones específicas y basadas en la evidencia en numerosos sectores. De especial interés son los factores que motivan la actividad sexual temprana de las y los adolescentes, la maternidad y el matrimonio precoces, así como la escolarización de las niñas.

En una demostración de la manera en que se puede hacer una buena colaboración en el trabajo de desarrollo, varios socios del sector privado se sumaron a estos esfuerzos en los seis condados, que ya exhiben resultados positivos.

Hay razones para ser optimistas y ampliar la oferta de servicios de calidad, innovar para realizar intervenciones asequibles en materia de planificación familiar, prestar atención obstétrica de emergencia, así como atención neonatal y posparto.

A pesar de que es lo que hay que hacer, esta asociación no se rige por la moral sino por evidencia concreta de que la reducción de las muertes maternas y de los recién nacidos es la inversión más inteligente para cambiar el destino de las economías pobres.

Nuestras observaciones confirman que no hacen falta operaciones complejas para incidir de manera efectiva. Intervenciones sencillas, como garantizar que más mujeres den a luz con la ayuda de asistentes calificados, aumentan considerablemente las posibilidades de supervivencia de la madre y el bebé.

Se trata de convencer a las comunidades que dejen de lado prácticas como el matrimonio precoz y otras que se producen invariablemente sin el consentimiento de las niñas, privándolas de su infancia, obligándolas a dejar la escuela, atrapándolas en la pobreza y poniéndolas en mayor riesgo de embarazos y partos potencialmente peligrosos.

Se trata de empoderar a las mujeres para que puedan planificar si quieren tener hijos y cuándo, dándoles una mejor oportunidad para terminar su educación, aumentar su capacidad de ingresos y reducir la pobreza.

También se trata de aprovechar los recursos locales, en colaboración con las estructuras con las que las comunidades locales se sienten cómodas.

En el condado de Wajir, por ejemplo, se capacitó a voluntarios de salud comunitaria para identificar a las mujeres embarazadas en grupos de unas 10.000 personas con el fin de vincularlas a los centros sanitarios locales para que reciban atención prenatal.

Las y los voluntarios imparten educación en salud a las mujeres embarazadas sobre la importancia de la atención prenatal y de reconocer las señales de peligro durante el embarazo, el parto y el posparto.

Ya han aumentado los partos realizados bajo atención especializada, con la asistencia del plan de atención gratuita a la maternidad del Estado keniata.

Las estadísticas mundiales indican que los más beneficiados por la reducción de los embarazos no deseados serán los países más pobres, que tendrían un crecimiento de uno a ocho por ciento del producto interno bruto para 2035. Hay pocas intervenciones que tengan este tipo de repercusiones.

Así como estamos seguros de los pasos necesarios para avanzar, no obstante se trata de una ventana que no estará abierta para siempre. La urgencia del momento no podría ser mayor.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente las de IPS – Inter Press Service, ni pueden atribuírsele.

Traducido por Álvaro Queiruga

Contact Information:

Mette Knudsen y Siddharth Chatterjee

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